¿Cómo era Jesús en Realidad?

@intercesion.Bolivia

 

La predicación cristiana actual nos muestra a Jesús como un predicador suave e inclusivo.

Sin embargo la Biblia nos muestra otro Jesús: fuerte y demandante.

 

CÓMO ERA JESÚS

De acuerdo a la lectura de las escrituras podemos hacernos una idea clara de cómo era Jesucristo.

 

UNA PERSONA CON GRAN VIGOR FÍSICO Y RESISTENCIA

 

Una mera consulta del mapa revela un enorme y diverso terreno donde Jesús, su familia y sus apóstoles andaban rutinariamente.

 

 

Cada año, Jesús viajaba a pie aproximadamente a 120 kilómetros

 hacia el sur de Jerusalén y luego de regreso.

 

 

Sus viajes diarios lo llevaron por toda Galilea y hasta 55 kilómetros hacia el norte (Tiro, Sidón, Cesárea de Filipos).

 

El terreno en la zona era difícil, accidentado (incluso montañoso) alternando entre tierras fértiles y desiertos.

 

Jesús subió las colinas alrededor del mar de Galilea y montañas tan altas como Tabor. 

 

Él, Su familia y Sus seguidores a menudo caminaban en largos viajes de muchos días

 

Los viajes podían ser peligrosos porque los bandoleros y los ladrones esperaban los momentos oportunos.

 

En Su último viaje a Jerusalén, Jesús tomó la ruta del desierto que pasaba por Jericó.

 

Es un desierto que desciende más de 250 metros bajo el nivel del mar.

 

 

Su subida a Jerusalén (más de 750 metros sobre el nivel del mar)

 era más de 950 metros para arriba.

 

 

A pesar de este difícil viaje, fue invitado esa noche a la casa de Marta y María, donde fue ungido por María con un costoso nardo.

 

La mayoría de los modernos saben poco de tal vigor y resistencia.

 

Muchos de nosotros acabamos faltos de aliento por una mera colina.

 

La idea de caminar 100 kilometros parecería casi imposible para nosotros.

 

Aquellos que hoy van a Tierra Santa y siguen los caminos de Jesús usualmente lo hacen en autobuses con aire acondicionado y se quejan de las empinadas colinas que se deben trepar a pie en Nazaret, Ein Karem y Jerusalén.

 

 

Las de aquellas épocas eran personas robustas

 no las figuras delgadas que los artistas modernos representan a menudo.

 

 

No significa sólo que fueran muy musculosos, sino que estaban acostumbrados al duro trabajo físico, a las largas caminatas y al tipo de dificultades que desalentarían a muchos de nosotros.

UN PREDICADOR RUIDOSO Y DESAFIANTE

En aquellos días no había micrófonos ni amplificación de ningún tipo.

 

 

Los predicadores de ese tiempo no usaban un tono suave y sugerente, no podían.

Tenían que gritar su mensaje.

 

Incluso en el interior de sus casas, era necesario un tono elevado porque las habitaciones atestadas amortiguaban el sonido.

 

Jesús predicaba a menudo al aire libre, a veces a multitudes de miles.

 

Considera de nuevo su resistencia y que tales sermones eran más un grito que un mero discurso o exhortación.

  

Esto probablemente sería un desafío para nosotros quienes estamos acostumbrados a la calidad más discursiva de la predicación en los últimos cien años.

 

Trata de hablar para una multitud enorme y sin micrófono y verás que tu discurso sale áspero, como enojado, duro.

 

 

Otra nota sorprendente sobre la predicación de Jesús es que predicó mientras estaba sentado

 lo que le quita potencia a la voz.

 

 

Todos los antiguos rabinos predicaban mientras estaban sentados, era un signo de autoridad.

CON UNA POSTURA INTRANSIGENTE

Jesús estaba en el modo de los profetas, y los profetas nunca eran los que decían cosas suaves, eran comprometidos y no eran vagos.

 

 

Cualquier análisis del verdadero mensaje de Jesús (no la versión moderna selectiva y filtrada)

demuestra que Él hizo demandas fuertes e intransigentes a cualquiera que fuera Su discípulo.

 

 

Debemos arrepentirnos y creer en Su Evangelio.

 

Debemos aceptar claramente que Él es la única luz, la única verdad, y el único Hijo del Padre.

 

No debemos amar a nadie y nada más que a Él. Esto incluye nuestra propia familia, así como las cosas más esenciales para nuestra supervivencia física, como la carrera y el sustento.

 

Si no hacemos esto, entonces no somos dignos de Él.

 

Debemos tomar nuestra cruz todos los días.

Debemos estar dispuestos a sufrir hasta la muerte por Él y lo que Él enseña.

 

No es suficiente amar al prójimo; debemos amar a nuestro enemigo.

 

No es suficiente evitar el adulterio; debemos tener una pureza sexual completa que excluya todas las formas de actividad sexual fuera del matrimonio bíblico, incluso los pensamientos impuros.

 

Debemos perdonar a otros que nos hayan herido o el Padre no nos perdonará.

 

 

Una y otra vez, el verdadero Jesús advirtió del infierno

y la necesidad de ser sobrios y serios sobre el juicio.

 

 

Pero Jesús no era un predicador enojado.

 

Jesús, que nos ama, advirtió que muchos serían incapaces o no querrían entrar al cielo en sus términos.

 

Pocos tomarían el estrecho camino de la cruz. No todos los que dicen: “¡Señor! Señor” entrarán en el cielo, sino sólo aquellos que hacen la voluntad del Padre.

 

Muchos oirán de Él: “Yo no te conozco. No sé de dónde has venido. Apártate de mí”.

 

No hay compromiso, no hay tercer camino. No podemos servir a dos amos, Dios y Mamón.

 

Un amigo del mundo es un enemigo de Dios.

 

Dijo que nadie que pone la mano en el arado y sigue mirando hacia atrás, es apto para el reino de Dios.

 

A nuestras excusas y súplicas diría: “Que los muertos entierren a sus muertos, pero vayan y anuncien el Reino”.

 

Hay poco que podemos llamar gentil o suave en la corriente principal de la predicación de Jesús.

 

Él invitó a Sus discípulos a descubrirlo como el verdadero pastor, el verdadero amante de nuestras almas, que nos puede dar el verdadero Pan del que tenemos hambre y el agua duradera para saciar nuestra sed.

 

Él quiere que llevemos nuestra cruz, no reclinados en nuestro sofá.

 

Jesús sanó a muchos, pero insistió en que la fe debía se operativa antes de realizar milagros.

 

El plan de Jesús para nosotros implica una profunda paradoja; Él desafía nuestras expectativas.

No se disculpa por ofender nuestras ideas.

 

 

Declaró que si alguien se avergonzaba de Él y de Sus enseñanzas, entonces Él se avergonzaría de esa persona en el Día del Juicio.

 

No hay compromiso con la sabiduría del mundo.

 

Todo esto, aunque registrado claramente y consistentemente en el registro bíblico, es convenientemente olvidado por la mayoría de las personas modernas que prefieren matices y / o eufemismos.

 

Prefieren un tono sugerente y atractivo.

 

 

Pero Jesús, como los profetas, combinó un juicio abrasador sobre los caminos mundanos junto con una insistencia intransigente de que elijamos su lado.

DEMOSTRABA SU URGENCIA

 

Jesús tenía una determinación que muchos de nosotros interpretarían como una especie de inflexibilidad.

Nos gusta discutir las cosas. Celebramos la colaboración y el trabajo en equipo.

 

 

Jesús no encaja en esto en absoluto.

 

Sabía exactamente lo que quería hacer. Envió misioneros delante de Él a cada ciudad y poblado.

 

Él no aceptó ninguna corrección de aquellos que objetaban su curso o del hecho de que Él comía con los pecadores.

 

Cuando las multitudes se opusieron a las enseñanzas de Jesús (como su enseñanza sobre la Eucaristía en Cafarnaúm), Él no reconsideró Sus palabras.

 

Ni salió a contratar una firma de Relaciones Públicas para mejorar su imagen, ni trató de hacer una encuesta para saber lo que quería su público. No dirigió grupos de discusión para testear sus palabras e ideas.

 

No, Jesús replicó las enseñanzas disputadas y luego preguntó a sus discípulos si iban a abandonarle.

 

 Tenía una misión urgente para transmitir la verdad, no para debatirla extensamente con los detractores.

Jesús estaba en movimiento y persiguió con urgencia Su tarea.

 

 

Él dijo a Sus discípulos que Él debía trabajar mientras todavía era de día porque cuando la oscuridad viniera Su trabajo cesaría.

 

En su último viaje a Jerusalén, se dijo que Jesús “puso su rostro como pedernal”, una expresión que transmite una firme determinación.

 

Se puso en camino, sabiendo (y anunciando) que sufriría en manos de los hombres, que moriría y se levantaría.

 

Los propios apóstoles de Jesús se negaban a creer y se resistieron, preguntándose por qué iba allí sabiendo que los líderes trataban de matarlo.

Cuando Pedro trató de disuadirlo, Jesús se volvió hacia él con enojo, desafió su pensamiento mundano y lo llamó satanás.

 

No, Jesús no volvería atrás. En un momento, Él reprendió la fe débil de los Apóstoles, diciendo: “¿Cuánto tiempo más te debo tolerar?”.

 

 

También advirtió: “El que no recoge conmigo, dispersa”.

 Así que Jesús era urgente e imparable.

 

 

Mientras tanto, Sus apóstoles vacilaron entre la resistencia y el peligro inminente, la negación y la evasión.

 

Más de una vez, el texto sagrado indica que tenían miedo de hacerle más preguntas.

 

Nada detendría a Jesús. Incluso en la Última Cena, cuando se levantó para salir a Su Pasión, Jesús dijo:

 

“El mundo debe saber que yo amo al Padre y que Él me envió. Levántense. Vámonos de aquí”.

 

Sólo brevemente (en el Huerto) cuando Jesús expresó incluso la más leve duda,

rápidamente se resolvió: todo lo que el Padre quisiera recibiría Su asentimiento.

 

Somos salvos por la decisión humana de una persona divina.

 

 

¿Por qué esta urgencia? ¡Era para salvarnos!

 

“Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora”. (Juan 12:27).

 

Si pensamos a fondo, toda esta urgencia nos sorprendería.

 

Estamos más cómodos con un Jesús que vagó bendiciendo a la gente, contando historias, y que sólo al final cayó en problemas.

 

Nada podría estar más lejos de la historia registrada por el texto sagrado.

 

Sabiendo todo lo que tendría lugar, Jesús partió virilmente a Su meta y no permitiría que nada lo detuviera o le desviara.

 

Esta era la voluntad de Su Padre y Él estaba presto.


Extraido de http://forosdelavirgen.org

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